Araceli, voluntaria en Mbanza Congo nos cuenta...
MBança Congo, 21 de Julio de 2008
Hoy comienza mi tercera semana en tierras africanas. Son muchas las imágenes que se vienen a mi cabeza y que están marcando mi estancia aquí.
Me encantaría contar que esta experiencia es maravillosa, que todo es muy bonito, que la gente es feliz, y que yo me siento entre algodones, soñando las bonitas cosas que podría hacer por ellos; pero siendo sincera y habiendo escuchado la voz de Dios, no puedo afirmar lo dicho anteriormente. Esta realidad es muy dura, no puedo negar que hay momentos en los que pararía el tiempo y agradecería a Dios por esta experiencia, pero hay otros en los que el sufrimiento de esta gente, su realidad, cultura y mi miedo (en realidad creo que es eso), es lo que me hace tirar la toalla, y enfadarme con Dios y con el mundo.
Hoy mismo, dando un paseo con Liliana, nos hemos encontrado con una niña de la escuela, tendría 13 años y su hermana pequeña (creo que no tendría más de 7 años). La niña con una enorme sonrisa nos ha dicho -Hermanas, ¿Qué pasa? ¿Dándose un paseo?-. Nosotras le hemos contestado -Si menina (niña en castellano)- y le hemos dicho, -Oye, ¿dónde vas tú? La niña, con voz tímida y ojos chispeantes nos ha dicho: -Voy a darle de cenar a mi mamá que está hospitalizada-. En ese momento, ahí mismo, ha sido donde me he dado cuenta de los pocos problemas que tengo, y el tiempo que estoy invirtiendo en ellos aquí.
Afirmo que no es una tarea fácil, que me imaginaba una cosa distinta, pero creo que está siendo y será una gran experiencia.
Me emociono recordando a los chavales riendo y cantando en el grupo Spínola; al pueblo viviendo la eucaristía; a las hermanas de la Congregación desviviéndose por la gente y la escuela, luchando día a día por mejorar esta realidad; la cara de los niños cuando llegué, sus preguntas, sus risas al hablar, su carácter simpático; los niños pequeños llamando tu atención para que se les digas "Bom día", ….ahí es donde veo la presencia de Dios, ahí es donde siento "servir es reinar", y ahí es donde creo que la presencia y el cambio es posible entre todos, ……ahí, en esos momentos, gestos y presencia de gente con nombre propio, es donde entiendo porqué estoy aquí.
Dicen que el amor con amor se paga y eso es lo que intento hacer día a día con la gente que me encuentro en el largo camino de esta experiencia que aún me queda por vivir.
Me encantaría contar que esta experiencia es maravillosa, que todo es muy bonito, que la gente es feliz, y que yo me siento entre algodones, soñando las bonitas cosas que podría hacer por ellos; pero siendo sincera y habiendo escuchado la voz de Dios, no puedo afirmar lo dicho anteriormente. Esta realidad es muy dura, no puedo negar que hay momentos en los que pararía el tiempo y agradecería a Dios por esta experiencia, pero hay otros en los que el sufrimiento de esta gente, su realidad, cultura y mi miedo (en realidad creo que es eso), es lo que me hace tirar la toalla, y enfadarme con Dios y con el mundo.
Hoy mismo, dando un paseo con Liliana, nos hemos encontrado con una niña de la escuela, tendría 13 años y su hermana pequeña (creo que no tendría más de 7 años). La niña con una enorme sonrisa nos ha dicho -Hermanas, ¿Qué pasa? ¿Dándose un paseo?-. Nosotras le hemos contestado -Si menina (niña en castellano)- y le hemos dicho, -Oye, ¿dónde vas tú? La niña, con voz tímida y ojos chispeantes nos ha dicho: -Voy a darle de cenar a mi mamá que está hospitalizada-. En ese momento, ahí mismo, ha sido donde me he dado cuenta de los pocos problemas que tengo, y el tiempo que estoy invirtiendo en ellos aquí.
Afirmo que no es una tarea fácil, que me imaginaba una cosa distinta, pero creo que está siendo y será una gran experiencia.
Me emociono recordando a los chavales riendo y cantando en el grupo Spínola; al pueblo viviendo la eucaristía; a las hermanas de la Congregación desviviéndose por la gente y la escuela, luchando día a día por mejorar esta realidad; la cara de los niños cuando llegué, sus preguntas, sus risas al hablar, su carácter simpático; los niños pequeños llamando tu atención para que se les digas "Bom día", ….ahí es donde veo la presencia de Dios, ahí es donde siento "servir es reinar", y ahí es donde creo que la presencia y el cambio es posible entre todos, ……ahí, en esos momentos, gestos y presencia de gente con nombre propio, es donde entiendo porqué estoy aquí.
Dicen que el amor con amor se paga y eso es lo que intento hacer día a día con la gente que me encuentro en el largo camino de esta experiencia que aún me queda por vivir.
Fdo. Araceli Moreno.
Es tierra de riqueza,