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ESA VIDA DE VERDAD

Al principio, me daba la sensación de que no me iba a acostumbrar a la vida de allí y ahora hay días que, aunque suene raro, hasta la echo de menos, echo de menos el vivir esa vida de verdad y no la que aquí nos pintan.

Fui capaz de convertir los obstáculos en oportunidades, de no darle la espalda a los problemas del mundo sino enfrentarme a ellos, valorar las miradas, los abrazos, los momentos…

Fui queriendo cambiar su vida, bueno mejor dicho mejorarla, y lo único que han conseguido ha sido sacar lo mejor de mí y cambiar la mía para siempre.

Isabel Rocha

 

ÑENBO´EUKA (Dejarme enseñar en guaraní)

Camino por callecitas de tierra, entre casas de chapa y madera. Me saludan personas con rostro curtido por la vida y el sol, expresando la acogida que llevan dentro con el gesto de una mano que se mueve en el aire o que se extiende a mi encuentro. ¿Qué quieres, Señor, de mí en esta tierra? Aquí y ahora deseo aprender con ellos, de Ti.

Resulta difícil poder describir los colores de esta tierra. ¡Ojalá supiera pintarlos! El cielo se vuelve rojo cada tarde mientras quema el agua mansa y hace un pulso de belleza con la sonrisa de Alexis, las ganas de jugar de Tadeo o los ojos de Rigo. Me siento tan pequeña cuando los niños me muestran su río, su sol, su pasto para jugar… No saben que mientras me dicen “Profe vení”, soy yo la que repito por dentro tú Andrés, tú Octavio, tú Andrea, eres mi profe.

Los niños me enseñan que AMAR es lo importante y para eso siempre hay tiempo. Son mis maestros de cada día. Con ellos me acuerdo tanto de lo de Jesús, de sus palabras, de sus favoritos… aquí el Evangelio se lee por las calles. Son los niños los que me han ido abriendo por dentro a la cultura de la sonrisa, del abrazo y del disfrute.

Pero la belleza y el dolor se dan la mano en esta realidad. Se me revuelven las entrañas al contemplar sus calles, sus casas y sentir sus nombres golpeando mi pecho mientras la ciudad de

Asunción se extiende detrás de este margen. Sin embargo, algo más grande que yo me orienta a descubrir a mi Señor caminando también por los márgenes de su tierra y eso me devuelve la esperanza. No una esperanza boba, sino fundada en lo que veo aquí cada día.

 

Compartir este voluntariado con la comunidad de jóvenes con la que el Señor me ha enviado, es un regalo. La pasión y entrega de cada uno, me anima al Sí de cada día, un Sí de Esclava. Además, vivir esta experiencia con mis hermanas de Congregación me llena de alegría y se sentido. Estas mujeres de carne y hueso que son mis hermanas, son de verdad un ejemplo de escucha y servicio en esta realidad.

Releo lo escrito y siento que no digo nada. De verdad que no sé muy bien qué contar. Se me mezclan palabras, rostros, colores, emociones, canciones… Siento cada frase como un borbotón que sale de mí, con poco orden, pero mucha verdad. Espero que algo de lo que voy aprendiendo aquí sepa cuidarlo y vivirlo, aunque sé que el Señor y cada nombre de acá, me van a ayudar.

Rocío Pineda, ADC

QUE NUNCA PERDAMOS EL SUR

Y sin darte cuenta aterrizas en España. Otra vez las prisas, el ritmo de vida, la individualización, el eurocentrismo y los problemas de la Liga. Han sido casi dos meses, tampoco es tanto tiempo, y no sabes si lo que has hecho ha servido de algo o sólo te ha servido a ti. ¡Qué cantidad de emociones y sentimientos te traes de vuelta!

Los primeros días te enfadan muchas cosas, no entiendes que se mire tanto el reloj, que se hagan planes para vivirlos a medias o que se hable más a una pantalla que a los ojos. Entonces, empecé a pensar que no quería dejar de volver, quería “estar volviendo siempre”. Estoy segura de que ese deseo nació allí, en el Bañado Norte de Asunción.

 

Y es que cuando haces una realidad tuya, la sientes y te duele. Cuando las cifras de pobreza infantil tienen nombre propio, has pisado el terreno que ahora está inundado y conoces quien vivía en las casas afectadas, ya no es igual, es imposible que sea igual.

Paraguay me rompió muchos esquemas. De repente ves bonito un horizonte de basura, no quieres perderte los atardeceres en escombros o las casas de chapa empiezan a parecerte hogares. Pero también te enfadan las sinrazones de tantos invisibles, sigue doliéndome que Andrés no pueda jugar por trabajar, que Doña María no sepa cuándo se tendrá que mudar, que Andrea no pueda estudiar o que llueva dentro de la casa de Octavio.

Allí me dejé hacer por una realidad tan auténtica, una forma de compartir la vida tan humana. Allí donde había poco, había para todos.

La verdad es que Asunción no va a ser primer destino de viajes, la comunidad de hermanas no va a recibir premios y las personas del Bañado no van a ocupar portadas. Pero, ojalá entre todos hagamos que no haya Primer ni Tercer Mundo, pobres ni ricos; ojalá apostemos por la educación, por las niñas y por los niños; ojalá derribemos las fronteras y miremos al otro lado de las vallas.

Vivimos en un Norte, ¡tan Norte!, que me da miedo pensar que podemos perder el Sur.

Marta Molina de la Fuente

“Quien vive siempre en la primera fila, no se entera de nada de lo que pasa en la sala”

VOLVER es distinto a venir por primera vez… pero tengo que decir que es ¡todavía mejor! porque es como si algo por dentro encajara. Como si las intuiciones que inquietaban mi corazón a la vuelta, aquella vez, encontraran ahora respuesta serena y confiada. Y es que para mí es innegociable y estoy convencida de que el mundo solo se entiende desde los lugares últimos.

Quien vive siempre en la primera fila, no se entera de nada de lo que pasa en la sala. En cambio desde la última fila se tiene otra perspectiva, uno se entera de todo; aunque vea peor el “espectáculo”. Éstos últimos no cuentan, pasan desapercibido para las cámaras, llenan el espacio pero no son conocidos por sus nombres, ni parecen ser gente importante.

A ellos no les conoce nadie, sin embargo ellos si conocen a todos, aunque siempre los vean de espaldas. Y es que el mundo visto desde aquí, el corazón de América me parece eso… un teatro desde donde miro al mundo sentada en la última fila. A veces siento que me gusta sentarme aquí porque es todo mucho más sencillo, mucho más humano. Pero otras veces ¡me indigno! Y me pregunto en qué momento rediseñamos así el mundo. Hace tiempo que sabemos que la tierra es redonda por lo tanto no entiendo porque tiene que haber primeras y últimas filas ¡y además con las sillas atadas al suelo! Sin posibilidad de movimiento… Sueño con un mundo donde las sillas se puedan mover y nos den la posibilidad de sentarnos en círculo. Sueño con un mundo donde todos tengamos las mismas oportunidades, donde nos miremos a la cara, nos reconozcamos y estemos todos a la misma distancia del centro. Así siento que lo sueña Dios, y así quiero que sea y no voy a invertir tiempo, ni energía, ¡no voy a gastar mi vida en nada que no apunte en esa dirección! Eso es lo único que tengo claro, cuando solo me quedan unas horas para partir de Ayolas y apenas tres días para volver a España.

Mi lugar es el mundo y mi vocación querer mucho a la gente… especialmente a los que la sociedad ha obligado a sentarse en las últimas filas. Quererlos a ellos, pero no querer que permanezcan siempre ahí sino quererlos para que crean que pueden redecorar el espacio y sentarse donde les plazca porque ¡todos tenemos derecho! Y para eso… no hay arma más poderosa que la educación. Estos dos meses trabajando codo a codo con las profes del pre-escolar Madre Celia, en el Barrio de Las Mercedes, en San Isidro… me devuelven la confianza en que merece la pena ser creativos en educación, porque solo despertando el pensamiento adormecido de aquellos que han sido relegados a la última fila tendremos un mundo distinto… MAÑANA. Y cuando miro el sol siento que Dios… ¡está de nuestra parte! ¿no te parece?

Ángela Lopera

Desde la última fila

Desde la última fila

VOLVER es distinto a venir por primera vez… pero tengo que decir que es ¡todavía mejor! porque es como si algo por dentro encajara. Como si las intuiciones que inquietaban mi corazón a la vuelta, aquella vez, encontraran ahora respuesta serena y...

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∞INFINITO∞

∞INFINITO∞

Pienso en Paraguay y se me despiertan los 5 sentidos. Para mi… Paraguay huele a LEÑA, a RAZA GUARANÍ y a TIERRA, a tierra mojada. Paraguay sabe a KAVURÉ, a CHIPA, a EMPANADA, a TERERÉ y a CAFÉ CREMA. Paraguay suena a VIAJANDO VOY, a RISAS, a...

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Bajo las estrellas

Bajo las estrellas

Un día cualquiera desde la escuelita Madre Celia te paras y miras el cielo, y ves que las estrellas brillan más en Ayolas, como si el cielo estuviera más cerca. Parece que las estrellas brillarán tan fuerte porque fueran celosas de la luz de la...

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52 días

52 días

Cuando Susana me dijo de hacer un testimonio sobre la experiencia del voluntariado, dije y ahora ¿qué hago?  Así que recogí palabras o pequeñas frases que me iban mermando el interior, las cuales me producían, satisfacción, rabia ,ira, orgullo...

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La otra cara de la luna

La otra cara de la luna

Abro los ojos, aun en la cama. Me espera algo nuevo hoy. Se respira otra atmósfera, el sol ya entra por la ventana. Se escuchan desde hace rato perros, gallos y a Chipa Barrero. Comienza el día. Otro día en este paréntesis de mi rutinaria vida...

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El sol está dentro de nosotros

El sol está dentro de nosotros

En Paraguay la vida sale a tu encuentro cada mañana. El día empieza con la alegría de los cantos de los pájaros para, poco a poco ir regalándose en tantos detalles que van construyendo el sueño de Dios que se ha hecho realidad en mi vida. Cada...

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