Arzobispo mendigo

Ante la situación de sequía y necesidad extremas y el abandono de las autoridades, don Marcelo, enfermo, opta por salir a pedir limosna él mismo por las calles de Sevilla, convencido de que “con arenas se forman montañas”. Este hecho se hace eco a nivel internacional y se reciben ayudas desde París, Viena, Londres, Bruselas, Nueva York, Filadelfia, Chicago y La Habana, con las que hasta noventa y nueve pueblos pudieron afrontar la difícil situación.