Luanda, Angola
Ya son cuatro semanas las que llevamos aquí, el tiempo pasa más rápido de lo que nos gustaría y cada vez nos sentimos más en casa.
El viernes 26 celebramos el 139 aniversario de la congregación, fue un día lleno de emociones y para nosotros ver como se mantiene viva la llama Spínola en tantas partes del mundo y el trabajo de tantas hermanas por mantener los valores Spínola tan presentes, nos empuja a que este mes y medio lo vivamos con más fuerza y ganas.
Por la tarde celebramos en la escuela el día con los niños del barrio con Marcelo Spínola y Celia Méndez como protagonistas, y en comunidad cerramos el día con las hermanas soplando las velas.
Estas primeras semanas han servido un poco de prueba, ver en qué estamos fallando como grupo, qué necesitamos para enriquecer la dimensión de fe, de comunidad y educativa…Todavía seguimos intentando definir cómo organizar los talleres de la tarde, aunque cada vez vamos conociendo más nuestro papel aquí y eso se ve reflejado en cómo los niños que vienen a la escuela ya nos tratan como si fuéramos del barrio.
Las clases cada vez ilusionan más, los chicos de Carmen en inglés cantaron el viernes para el resto de clases la canción You’re beautiful, Álvaro manda a sus alumnos de matemáticas hacer sudokus y hasta nosotros nos hemos picado a hacerlos, los alumnos de informática están ansiosos por aprender e investigan en casa lo que van a dar la próxima clase sin que Álvaro se lo pida. Los más pequeños revolucionan la escuela, aunque Rocío, Adela, Inma y Blanca saben perfectamente como llevarlo, aún así la hora del intervalo por la mañana se hace un poco caos cada vez que tienen que ir a la cantina a comprar algo para desayunar. Javi pasa consulta en el centro de salud, aunque no acuden gran cantidad de pacientes ya que los sueldos dificultan mucho costearse la consulta y los medicamentos necesarios.
Los miércoles son día de visita a casas del barrio. Lo agradecemos muchísimo, nos apetece conocer la realidad más de cerca los vecinos nos abren las puertas de sus casas y nos reciben con los brazos abiertos. Demuestran la fe con la que viven el día a día y lo presente que tienen a Dios en su vida. Rezamos con ellos y nos agradecen de corazón nuestra presencia. Entre tantas historias conocemos a Gabriel que junto a su mujer nos cuenta sin borrar la sonrisa de su cara el accidente que sufrió que le llevó a tener que estar en cama.
Sabemos que nos queda mucho por recorrer y trabajar en esta experiencia, no tenemos muy claro todavía hacia donde van nuestros pasos pero si el camino a recorrer.
Javier Arenas, voluntario en Luanda 2024.