Fundadores

Marcelo Spínola fue un hombre de Dios, enamorado de Jesucristo, que sintió la misericordia y ternura de su Corazón. Esta experiencia dará sentido a su vida y marcará todas sus acciones, centrando su atención en las personas más empobrecidas.

1856

Abogado de los pobres

En lugar de crear el bufete de renombre que por posición social y expediente académico podría haberse permitido, decide que sus clientes sean los obreros y trabajadores, con sus problemas del puerto y la mina en Huelva.

1885

Visita Las Hurdes

Recién nombrado Obispo de Coria, decide poner rostro a la pobreza y viaja al lugar más pobre de España, nunca antes visitado por obispos ni autoridades civiles. Se encuentra con 6500 personas que viven en condiciones de extrema necesidad.

Funda la Congregación de Esclavas del Divino Corazón

Junto con Celia Méndez, con la misión de anunciar el amor personal de Jesucristo a través de la educación y otras obras de carácter social.

Abre las puertas de su casa

Se extiende en la provincia de Cáceres la epidemia de cólera, y Marcelo pone el palacio episcopal a disposición de las personas afectadas.

1891

Apoya el movimiento obrero

Siendo Obispo de Málaga, denuncia los abusos del capitalismo, que en sus palabras “explota a la persona, cual si una máquina a la que no se da más que aceite y sebo para que se mueva ligera y actúe con perfección”. Esto le lleva a defender ante el Senado el descanso dominical y a promover entre los trabajadores medios pacíficos de resistencia.

1899

Funda “El Correo de Andalucía”

Los pobres siguen siendo el centro de su discurso, instando a que “ni una sola línea ni una letra de la publicación deje de encaminarse a la defensa de la verdad y la justicia”.

1905

Arzobispo mendigo

Ante la situación de sequía y necesidad extremas y el abandono de las autoridades, don Marcelo, enfermo, opta por salir a pedir limosna él mismo por las calles de Sevilla, convencido de que “con arenas se forman montañas”. Este hecho se hace eco a nivel internacional y se reciben ayudas desde París, Viena, Londres, Bruselas, Nueva York, Filadelfia, Chicago y La Habana, con las que hasta noventa y nueve pueblos pudieron afrontar la difícil situación.

1906

Sus últimas palabras

Cuatro días de morir, siendo Cardenal, Marcelo dedica su último escrito a los más pobres: “…aunque sea a costa de hundirnos más y más… hemos dispuesto repartos de pan y ropas. No son ni pueden ser tan extensos como quisiéramos, tan amplios como es nuestra voluntad; que si en pan se convirtiera esta, a todos los dejara satisfechos, y si como el fuego calentara, nadie tendría frío“.