4ª semana en Portoviejo

4ª semana en Portoviejo

 

2-8-2016

A la mañana siguiente, el sábado 30, nos acercamos a Montecristi, antigua capital de la provincia de Manabí, de nuevo con la Hermana Conchita, que ejerció de guía turística a las mil maravillas.

Allí pudimos recorrer Ciudad Alfaro, un museo y mausoleo de uno de los máximos revolucionarios ecuatorianos de finales del s. XIX y comienzos del XX: Eloy Alfaro. Pude aprender un poquito más de la historia de este pueblo al que cada día aprecio y admiro más.

La ciudad de Montecristi fue también afectada por el terremoto, y su basílica quedó semiderruida con la caída de su torre principal y su cúpula. Según cuenta la leyenda, la propia Virgen de Montserrat se apareció a los parroquianos que en ese momento estaban celebrando misa y les avisó por qué puerta escapar mientras muros y techumbres comenzaban a caer, y milagrosamente, no hubo ninguna víctima.

Coincidimos en esta población con decenas de estadounidenses (o gringos como llaman aquí) procedentes de un gran crucero que había amarrado en el puerto de Manta, y que estaban comprando unos sombreros de paja típicos de Montecristi, entre otros productos de la zona.

Ya por la tarde, nos reunimos con los catequistas del colegio y la parroquia en la que colaboran las Hermanas, para que María y yo pudiésemos ofrecer nuestro testimonio de vida en común desde la fe, y nuestro proceso hasta llegar al voluntariado. Varias catequistas también compartieron su experiencia de fe con el resto del grupo. Después, acudimos en taxis a la misa de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en la que fuimos muy bien acogidos por el sacerdote.

Regresamos a la casa de Manta, donde tras la cena nos acostamos pronto y descansamos para la excursión del día siguiente.

 

4-8-2016

Amanecimos en el último día de Julio con muchas ganas de conocer un poquito más de este bello y variado país. Ecuador tiene 3 partes bien diferenciadas: el Oriente, donde se encuentra la selva más salvaje, y donde la población indígena (quetchua) tiene un mayor porcentaje; la Sierra, donde transcurre la Cordillera de los Andes y donde se encuentra la capital, Quito; y la Costa, que son las provincias bañadas por el océano Pacífico, y donde nosotros nos encontramos.

Explicado este pequeño apunte de los diferentes territorios de este país, continuamos con la narración.

Las Hermanas habían pensado en tomar una carretera que transitaba junto a la Costa del Pacífico, hacía la gran población de Guayaquil. Los diferentes paisajes, pueblos y vegetación en diferentes puntos del recorrido eran muy atractivos. En algunos puntos de la carretera, y desde lo alto de una loma junto al mar, pudimos ver ballenas jorobadas que parecían subir a la superficie para saludarnos con su chapoteo. Tras recorrer varios pueblos llegamos a Machalilla, una pequeña población muy rústica y cuyos lugareños se dedican netamente a las artes de la pesca. Antes del terremoto recibía también a muchos turistas atraídos por su playa, pero ahora casi todos han desaparecido por temor al tsunami.

Allí en Machalilla comimos en un chiringuito, propiedad de una de las profesoras del colegio de Manta, tras haber disfrutado de un paseo por la playa mientras los niños volaban las cometas que las Hermanas habían traído para la ocasión.

Luego, nos acercamos a la comunidad de Agua Blanca, una parcela de varias hectáreas, donde residen diferentes familias de la cultura manteña, que han convertido su modo de vida, sus costumbres y los recientes descubrimientos arqueológicos de su pasado pre y post conquista española, en un turismo comunitario en el que los beneficios se reparten entre todos ellos. Tras el recorrido por su bosque seco, donde habitan y pacen libremente cabras, cerdos y caballos, nos bañamos en una piscina natural de aguas sulfurosas, que dicen ser muy relajantes y beneficiosas para las articulaciones.

Regresamos, muy cansados ya, a Portoviejo, donde caímos rendidos de un bello pero cansado viaje.

He de comentar aquí de nuevo mi agradecimiento a la Comunidad de Manta y el hacernos sentir como en nuestra propia casa.

 

Durante el lunes, martes y miércoles, hemos continuado con nuestra labor diaria en Las Cumbres, recogiendo el cariño de los niños, y dedicándonos cada día a enseñar a aquellos a los que les cuesta más que a los demás leer y escribir. También descubrimos lo terrible que ha sido y es la vida de muchos de ellos en este humilde barrio de Portoviejo. Lo mismo ocurre en el Proyecto: hay días que quieren trabajar más y otros en los que les cuesta ponerse a la tarea, muchas veces como consecuencia de experiencias vividas con su familia y el hogar.

Carlos y Javi están convirtiéndose en unos rompecorazones a su pesar. Las niñas de la escuela están todo el rato pendiente de ellos y evidentemente eso les llega a saturar y a molestar. Espero que se vayan tranquilizando las aguas…

Y a mí algunas me han llamado papá. La carencia de afecto en su entorno familiar es inmensa.

Estos días estoy impartiendo en la escuela clases teóricas de Educación Física, pero está resultando difícil que los niños asimilen que no es sólo está el practicar deporte, sino por qué se hace y los beneficios que obtenemos nosotros mismos en nuestra salud y en nuestro entorno familiar, al practicarlo.

En el Proyecto, Javi y Carlos están ayudando a María con los más pequeños. Saben que ellos también pueden ayudar en las tareas de los chiquillos y eso les gusta.

El jueves 4 de agosto, ha sido un poco caótico, por tener que cambiar los planes y horarios de clase sobre la marcha, ya que el profesor Franklin me ha pedido dar teoría también a los de 4º y 5º grado. María ha continuado con sus clases de refuerzo en Lengua y después en Matemáticas, y yo he aprovechado una hora que tenía libre para preparar las clases del viernes, ya que Franklin tiene una reunión de equipos directivos en Manta junto con las Hermanas Caty y Loli. Los mayores han tenido grupos MIFA, en los que aprenden valores cristianos con juegos y talleres, y los viernes se los enseñan ellos mismos a los más pequeños de la escuela. También ha habido una minga de padres para colaborar con el mantenimiento y el arreglo en las instalaciones del colegio.

El viernes ha sido un día bastante duro, ya que en general los niños más mayores no querían trabajar ni colaborar en lo que había preparado. Me he tenido que poner serio con algunos de ellos. María también con los suyos, pero ha disfrutado haciendo pensar a los alumnos a través de las Matemáticas, y jugando con ellas. Hay días mejores y otros peores. Hay que asimilarlo.

 

Esta semana hemos regresado andando desde el barrio de Las Cumbres a casa, ya que el transporte de las Hermanas estaba en el taller. Durante estos paseos, hemos podido acercarnos un poco más al día a día de sus vecinos, y el entorno de marginalidad en el que viven.

Nuestros hijos están valorado positivamente la experiencia: están conociendo otra cultura, cómo se vive en las Cumbres, están haciendo nuevos amigos, aprendiendo nuevas cosas en la escuela, descubriendo nuevos sabores en las comidas, se siente bien el enseñar a otros,…

Para nosotros está siendo muy positivo conocer cómo viven las Esclavas su día a día, conocer cuánta paciencia podemos llegar a tener y enriquecernos con la experiencia de darnos.

DSC00764DSC00901DSC00824DSC00922