5ª semana en Portoviejo

 

9-8-2016

 

El fin de semana transcurrió bastante tranquilo. El sábado, tras realizar la limpieza semanal de la casa, acudimos a la catequesis de la escuela donde estuvimos hablando en mi grupo sobre los problemas que tenemos en nuestras familias, con nuestros amigos y en nuestro entorno, y qué podemos hacer nosotros para mejorarlo.

Tras la misa, regresamos a casa y estuvimos jugando en familia el resto de la tarde.

El domingo nos levantamos un poco más tarde; los niños estuvieron pintando pequeñas obras de arte y, a mediodía, las Hermanas nos invitaron a comer al restaurante “La finca”, de un conocido de la Hermana María José, Juanito, que es la persona que cada semana prepara las tarrinas de comida que luego la Hermana reparte a los más necesitados.

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Tras una comida riquísima, fuimos a visitar el Jardín Botánico, donde los niños disfrutaron con las iguanas, las termitas, y los pájaros de diversos colores. También les gustó recorrer un gran laberinto hecho con plantas.

Pudimos palpar el algodón que crece en el ceibo, que es el árbol más abundante en esta zona de Manabí. A las 15:00 escuchamos el estruendo provocado por la implosión prevista de uno de los edificios de la “zona cero” de Portoviejo: el “Mutualista Pichincha”.

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Regresamos a casa tras haber disfrutado de una bella y tranquila tarde junto con las Hermanas.

 

 

El lunes empezamos la semana en la escuela sin mayor novedad. Parece que los niños a los que estamos apoyando van avanzando pero muy despacito. Tras el fin de semana se les olvidan las cosas y tenemos que repasar lo aprendido el viernes anterior.

En el Proyecto hemos comenzado a ensayar una coreografía del “Madre Tierra” de Chayanne, con el que la clase de Javi de España tuvo un gran éxito en las fiestas de Loreto. Los niños lo han tomado con mucha ilusión, y esperamos estos días ir perfeccionándolo.

El martes estuvimos preparándonos para el partido contra la escuela Juan Montalvo con los de sexto y séptimo grado.

Por la tarde nos acercamos Caty, Loli y un servidor a comprar material escolar deportivo para la escuela, ya que mi hermano Jose y su pareja Ana también han querido colaborar económicamente y de corazón con nuestra misión.

 

12-8-2016

 

El miércoles fue un día agotador. Mi voz volvió a recaer y tuve que cuidarme un poco para no quedarme totalmente afónico.

Tras las clases de apoyo a los niños y niñas, y tras el recreo, bajamos la calle 20 de Julio hasta llegar al colegio Juan Montalvo, donde iba a tener lugar una mañana de fiesta del deporte y de amistad entre nuestros dos colegios.

Ese día el sol apretaba de lo lindo y como tuve que ejercer de árbitro en dos de los cuatro partidos, acabé un poco deshidratado, menos mal que nos invitaron a un refresco de cola y a unas galletas al acabar los partidos donde lo de menos fue quién se llevó la victoria: ganó el buen ambiente y la cordialidad entre profesores y alumnos.

En el proyecto continuamos con el ensayo del baile mientras los menos hacían deberes para el día siguiente. Un poco más tarde nos reunimos con Guacho, el jefe regional de Fe y Alegría de Manabí, que quería conocernos en persona y agradecer nuestra presencia.

Por la tarde, María acompañó a Loli y a Caty a hacer la compra de la semana, mientras yo me quedé leyendo algunas revistas “Catequistas” que tienen en casa. Mientras los niños jugaban a las cartas, a juegos con el móvil, etc.

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El jueves, durante una de las clases de Educación Física, se produjo un tumulto en el que una de las chicas tuvo una agresión por parte de algunos de su clase. La Hermana Caty actuó de manera ejemplar, avisándoles de las consecuencias que podrían recibir si continuaban con su mal comportamiento. Franklin convino en mantener reuniones con padres y tutores de los afectados.

Esta vez, el ensayo del Proyecto fue un poco caótico ya que los niños se distraían constantemente y muchos de ellos estaban pensando en el viernes festivo.

Ya en casa, María acompañó a Maria José y Patricio al reparto de comida. Quería conocer también de cerca esta realidad. Yo estuve con los niños escribiendo estas crónicas con las que, me dicen, mucha gente está conociendo un poco más lo que estamos haciendo, la vida en la escuela, y la convivencia con las Esclavas del Divino Corazón.

Antes de acostarnos, y mientras los niños ya estaban soñando, nos quedamos hablando con Caty y Loli sobre lo acaecido por la tarde en la escuela, la complicada organización en cuanto al profesorado de los colegios de Fe y Alegría en Ecuador, y sobre los planes del viernes, que era feriado, y en el que junto con las Hermanas de Manta, habían organizado una excursión a un lugar llamado “Bonanza”.

 

El viernes 12 de agosto, nos levantamos más tarde de lo habitual, y tras un suculento desayuno, quedamos con las Hermanas de Manta para ir todos juntos a un pueblecito cercano a Portoviejo llamado Playa Prieta. Por fin pudimos conocer a Lourdes Almeida, la actual delegada de Ecuador, que había viajado a España a primeros de julio para el Capítulo General de las Esclavas. Nos dio muchos recuerdos de Mª Isabel Macarro.

Cerca de allí, comimos en el “Rancho Bonanza”, un precioso lugar gestionado por un alemán que encontró el amor en tierras ecuatorianas. En su interior hay un restaurante, piscina con jardín, árboles frutales, cancha de fútbol, un pequeño hostal, y una fábrica de cerveza artesanal. Los tres niños disfrutaron de la piscina hasta bien entrada la tarde.

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Tras la comida y la piscina, nos acercamos al pueblo mencionado anteriormente, Playa Prieta, y entramos en un colegio que se está reconstruyendo y que había tenido cierta relación con las Hermanas, ya que Caty estuvo colaborando allí hace varios años. En este colegio fallecieron una monja y cinco novicias de otra orden religiosa, al hundirse el edificio de cuatro plantas donde se encontraban durante el terremoto de Abril.

Ya de regreso a Portoviejo, paramos en un puesto de carretera donde vendían cocos. En el que degustamos agua de coco hasta saciarnos.

Regresamos a casa con la satisfacción de haber pasado un día maravilloso en la mejor compañía.

 

Ya solo nos queda una semana en Portoviejo, el tiempo pasa volando. Tenemos la sensación de que ha sido demasiado corto para que nuestra labor deje los frutos deseados, aunque sabemos que eso no es lo más importante. Vamos a vivir estos últimos días con muchas ganas, y con la satisfacción de que está valiendo mucho la pena el haber tomado esta decisión.