A 8840 km de distancia entre nuestras vidas, nuestras familias, nuestro país, comienza nuestra historia.
Una historia que está marcada por miles de sentimientos, que se mezclan mientras empezamos a contar nuestra experiencia.
Estamos en Ayolas, un pueblecito pequeño de Paraguay, y son las 18:10 de la tarde. Ya estamos preparando la cena porque aquí la vida comienza y acaba mucho antes, puesto que a las 17:30 ya es completamente de noche.
Llegamos aquí al tercer día de despegar desde Madrid, (aunque para algunas el viaje comenzó bastante antes en el AVE, desde Sevilla o desde Málaga) ya que el primer finde lo pasamos en Asunción, conociendo la vida de este pueblo. Esos días estuvieron marcados por encuentros, vivencias, personas y, sobre todo, por el Señor.
No nos podíamos ni imaginar cual era la situación que nos íbamos a encontrar en Asunción tras los recientes diluvios. Las familias afectadas han tenido que abandonar sus casas inundadas por la crecida del río Paraguay, debiendo instalarse en las calles de Asunción, construyendo pequeños refugios con chapas de madera y lo que pudieron salvar de sus hogares. Sin embargo es admirable la fuerza de estas familias para imponerse a las dificultades y poner ganas para salir adelante, sin borrar sus sonrisas de la cara, y acogiendo a todo aquel que se interesa por su situación con los brazos abiertos.
Al llegar a Ayolas nos hemos encontrado una situación distinta. Hace una semana que estamos aquí, y ya hemos descubierto algunas cosas. Ayolas es un pueblo situado a orillas del río Paraná. La mayor parte de su población se dedica a la pesca, agricultura, comercio y turismo.
Aquí las lluvias también han dejado mella, pero los afectados han encontrado refugio en el G4, el campamento de obreros de la Represa de Yacyretá, actualmente en desuso. Además, el caudal del río está recuperando su cauce, por lo que la mayoría ya han podido regresar a sus hogares.
Nuestra misión aquí consistirá en dar clases de apoyo a los niños en edad escolar, a la vez que realizaremos juegos y dinámicas con ellos, con el objetivo de inculcarles los valores Spínola. Al mismo tiempo, algunas de nosotras también colaboraremos en la Escuela Infantil Madre Celia, asistiendo a las maestras en las labores de educación de niños de 4 y 5 años. Sin embargo, estas actividades no empiezan hasta la semana que viene, dado que ahora mismo los niños están disfrutando de sus vacaciones de invierno (Estamos en el hemisferio sur, así que las estaciones son al revés respecto a España).
Pero esta semana no hemos estado paradas. Cerquita de Ayolas, apenas a 12 kilómetros de distancia, nos encontramos con un pequeñito pueblo llamado Corateí. Es un lugar paradisiaco en medio de la naturaleza para aquellos que no conocemos demasiado los sonidos del campo. Por medio de sus caminos de tierra y pasto te puedes encontrar con vacas comiendo tranquilamente, caballos, perros, loros, carpinchos, ovejas o incluso chanchos.
Allí hemos estado ‘‘misionando’’ todos estos días. De jueves a sábado de la semana pasada estuvimos visitando las casas de las familias del pueblo. Con cada uno compartíamos un ratito de nuestras vidas, teniendo interesantes charlas y compartiendo juntos un momento de oración. Nos hemos sentido muy acogidas por todas estas familias, que nos abren la puerta de sus casas sin ningún tipo de reparo, acogiéndonos como si fuéramos un miembro más de la casa. Algunos incluso nos han enseñado a cocinar comida paraguaya. Pero es que además hemos sido invitadas ya dos veces a comer en casa de un familia, los Acosta, donde nos han atendido con todo el cariño del mundo, y dado a probar todo tipo de manjares paraguayos, hasta el pescado oriundo del río Paraná. La verdad es que estamos muy agradecidas con la atención que todo el pueblo nos ha regalado, ya que nos hacen sentir como en casa.
El domingo después de la Eucaristía nos reunimos con los grupos de Confirmación de Corateí, donde conocimos a los jóvenes confirmandos del pueblo, a quienes acompañaremos durante el tiempo que estemos aquí. Además, por la tarde tuvimos la suerte de asistir al gran partido de la temporada, entre el equipo local y otro equipo de fútbol de Ayolas, San José Obrero. Corateí necesitaba ganar para pasar a las semifinales del torneo de fútbol local. Animamos como unas más, y al final ¡lo conseguimos!, Corateí ganó 2-0 y el equipo está clasificado para la semifinal. No os preocupéis que seguiremos retransmitiendo tan interesante campeonato.
Para terminar, toda esta semana, de lunes a sábado, estaremos reuniéndonos con los más pequeños de Corateí. Con ellos realizamos también dinámicas de conocimiento y valores trabajadas desde juegos y otras actividades variadas. Llevamos dos días y hoy han venido ya el doble de niños que ayer, así que estamos contentísimas de que sean tan bien recibidas todas nuestras ganas de compartir momentos con ellos.
Para ser la primera entrada del blog ya hemos contado cositas de cómo es nuestra vida aquí para que os podáis hacer una idea. En la medida de lo posible intentaremos compartir lo que nos va ocurriendo para que podáis ser parte también de esta misión. Esperamos que todo vaya genial por cada lugar del mundo donde un Spínola intenta vivir con el corazón en la mano.
¡Hasta la próxima!
PD.- No dejéis de ver las fotos de acompañamos. En cada mirada de cada niño descubriréis toda la ilusión con la que nos acogen.















