…Podría  decir que he saltado desde un acantilado

IMG_20170520_122924Casi se me acaban los seis meses aquí en Portoviejo, Ecuador, y unas pocas personas me han preguntado cómo me ha ido. Los que piensan que he estado de vacaciones me dicen “¡Cuentame todas tus aventuras locas!” Se bien lo que significa esa frase: que quieren que les diga que me he saltado desde un acantilado, que he escalado una montaña o que he cruzado una cuerda floja sobre un abismo. No me agobio con estos mensajes porque, si lo miras de otra forma, si he vivido estas experiencias.

…Podría  decir que he saltado desde un acantilado, si el acantilado es mi zona de confort y las aguas profundas son el desconocido. Haberme sumergido en una realidad completamente nueva ha sido, sin duda, una aventura. Al principio sentí que destacaba entre nuevas costumbres, palabras y formas de pensar; me acuerdo de lo perdida que me sentí cuando en los primeros días atendí una reunión de profesores. La dificultad no solo vino de no conocer a nadie, sino que tampoco entendí la mayoría de lo que se estaba diciendo ya que el español no es mi primer idioma. Lo único que me tranquilizó fue pensar que sería más fácil entender a los niños, dado que ellos no suelen usar palabras muy técnicas o complicadas, pero ¡Que equivocada estaba! Me contaban cosas como que alguien le había “halado del pelo” y “ojeado” a su “ñaña” y yo me preguntaba si se estaban inventando las palabras. Aunque al principio todo esto me sofocó, poco a poco me acomode y me dejé ir con la corriente. El tiempo me ayudó a aprender a adaptarme y a darle menos importancia a mis diferencias o mal entendimientos. Ahora me siento como si estuviera en casa, con una familia increíble a mi alrededor.

También podría  decir que he escalado una montaña – la que se construyó con los nuevos desafíos. Dar clases a unos niños suena como algo fácil, pero uno se da cuenta que se necesita experiencia, paciencia y creatividad para hacerlo bien. Lo que más me ha sorprendido es lo complejo que es ser una profesora aquí; la mayoría de los alumnos tienen una situación difícil en el hogar y tú tienes que procurar que mejoren la actitud como persona además de como estudiante. En las clases de refuerzo que doy, trato con niños que se han atrasado en el curso. Muchos de ellos están en esa situación por dificultades de aprendizaje pero también hay algunos que, por razones sociales, se han dejado caer. Me he dado cuenta que a veces no se trata de asegurarse sólo de que puedan escribir las vocales, sino también de que estén recibiendo suficiente apoyo y ánimo para seguir. Trabajando así, intentando ser la mejor guía posible, ha sido otra aventura.IMG_20170713_151752

Para cruzar la cuerda floja, tuve que aprender a equilibrar mis pensamientos y prioridades. La falta de confianza en uno mismo es muy debilitante – forma el abismo en el que uno se puede caer. Empecé llena de dudas e inseguridades. Cada vez que me equivocaba en algo, aunque fuera en algo sencillo, me caía – me avergonzaba y pasaba demasiado tiempo pensando en lo que ese fracaso reflejaba sobre mi. Por ejemplo, una clase mala provocaba pensamientos exagerados sobre ser un desastre como profesora, e inadecuada como voluntaria. El verdadero fracaso, sin embargo, fue no extender mi visión. Cuando uno se balancea sobre la cuerda floja, mirando sus pasos y la cuerda le hace temblar más que cuando se mira hacia el horizonte. Por eso, cuando empecé a seguir adelante y buscar soluciones en vez de desesperarme, me pude poner realmente en marcha. Creo que el mejor impacto que uno puede crear viene cuando se enfoca en su proyecto más que en sus propios avances.

Lo que distingue mis experiencias a las normales es que han sido más mentales que físicas. Pero ¿esto hace que sean menos reales? Mi respuesta es que no. Lo que he vivido en estos meses me ha dado más que un bonito recuerdo. Cada emoción, sensación y realización que he tenido durante este tiempo sobrepasa cualquier experiencia que se podría capturar en una foto, o incluso en palabras.

Hay tantas personas a quienes tengo que agradecer por estos meses. Doy gracias a los niños por sus sonrisas (aunque a veces sin dientes) y abrazos, cuales me han llenado de motivación todos los días. Me han enseñado que tengas la edad que tengas, ser valiente es poder reírse a pesar de las dificultades que enfrentas. Doy gracias a todas las personas que he conocido y que me han tratado como si fuera una amiga de toda la vida. Ver a tantas personas tan dispuestas a abrirme los brazos me ha enseñado más que nunca a hacer lo mismo.También doy gracias a las hermanas de la comunidad en la que he vivido. Han sido los modelos perfectos a seguir, siempre mostrando la mejor actitud y forma de actuar ante cualquier situación. Además, con ellas ya se que tengo otra familia aquí en Ecuador. Por fín, doy gracias a Dios por la bendición que ha hecho todo esto posible.

Sofía Brough-Aparicio