En los días que llevo en este viaje a la Amazonia he descubierto un mundo diferente y por supuesto fascinante. Pero quiero destacar solamente dos cosas entre todas.
Llegué y aparecí en lo que llaman abreviadamente «Escuela de Derechos Humanos». Seis nacionalidades y dos idiomas con una realidad compartida: la Amazonia. Según bajaba del coche cayó una tormenta tropical que me dejó calado el resto de la tarde. Durante el viaje ya me preguntaba qué narices pintaba yo allí, en ese momento me sentí trasladado a un lugar equivocado. Bendita formación recibida que me hizo recolocarme rápidamente.
Me presentaron muy por encima de mis expectativas y yo creo que de la de los asistentes, porque a partir de ahí algunos pasaron a llamarme «padre». Incluso en la pista de baile tras un delicioso «pisco sour» , en la fiesta organizada por los peruanos.
Los temas a tratar en este especial «congreso» se refieren todos ellos a violaciones de derechos humanos de los pueblos que habitan la Amazonia. Desde masacres hasta discriminación de la mujer, pasando por la usurpación de territorios y la destrucción del habitat natural: madereros, petroleros, garimpeiros, guerrillas, carteles de la droga, monocultivos, trata de seres humanos, etc. Cabe de todo en 6,7 millones de km2 (13,5 veces España) y más de 25000 km. navegables.
Se trata de hacer visibles sólo algunas de estas violaciones y elevar las denuncias a las cortes internacionales.
No os voy a contar los casos presentados… pero como de alguna manera me siento obligado a compartir esta experiencia que es tanto mía como vuestra, os invito a reflexionar con un par de ideas que a todos nos pueden enriquecer.
Diversidad
A priori podríamos pensar que todos los pueblos indígenas se asemejan y nada más lejos de la realidad. Tampoco se trata tan sólo de estos pueblos primigenios, hoy por hoy existen otras muchas gentes venidas de fuera: descendientes de afroamericanos, de los soldados del caucho, de buscadores de fortuna ocasionales, de agricultores, etc. Todos ellos son poblaciones ribereñas capaces de compartir las riquezas naturales sin la sobreexplotación a la que se apuntan todo tipo de intereses capitalistas, aún con los conflictos que puedan haber entre ellos.
Esta diversidad tiene toda ella una cosa en común: el apego y la necesidad de la tierra. Sin territorialidad, aún con disputas este territorio es generoso, sin afán de propiedad, por más que hoy se les hace obligado reclamarla, sin exigir más de lo que les permita un «bien vivir» a estos de ahora, sabiendo que los que vengan reclamarán lo mismo.
Diversidad que enriquece a ellos y al mundo entero porque preserva la vida, vida enamorada de la tierra, como a muchos se nos ha olvidado que fue la de nuestros padres. Pero si cabe de la forma más pura, amándola sin transformarla, según se les ha dado.
Todos recibiendo lo mismo que entregarán a sus hijos a la vez que les alimenta. Una perfecta analogía viva para el Amor de de Dios: tierra para compartir que nos une y nos da vida.
Valorar la diversidad es buscar aquello que nos une para hacernos además más fuertes.
En este encuentro se busca la unión desde esa diversidad y se valora aún más cuando comparten sus sufrimientos, buscando soluciones y denuncias que sumen para todos, sin planteamientos agresivos. Bien es cierto que se impulsa desde la REPAM (Red eclesial panamazónica).
Os puedo asegurar que yo, incluso sin el vínculo de unión amazónico, he sentido una Iglesia que sufre y ama desde la diversidad.
Sorpresa
Mañana comenzamos una segunda etapa de este voluntariado. El grupo también diverso que formamos los voluntarios: un matrimonio granaíno, Pepe y Carmen, José un Puertoriqueño y yo mismo, junto con los anfitriones Fernando, un jesuita que bien podría ser el apasionado protagonista del «Avatar» de la Amazonia y Marita, siempre para todo y para todos, sale mañana desde Manaos a Maués y luego a visitar varios poblados de la etnia sateré-maué. Creo que 14 h. de barco y otras varias de lancha.
Según nos cuenta Fernando sólo podemos tener una certeza: no hay ninguna certeza. Detrás de cada giro en el río puede pasar cualquier cosa. La sorpresa incluso para él, un hombre de mil anécdotas en esta tierra, también tiene billete para este viaje. Una naturaleza tan viva es per se una fuente inagotable de sorpresas, si a eso se le añade la agresión continua a la que ahora se ve sometida con todas las consecuencias que de ahí se derivan: lanchas de indeseables, pueblos no contactables que pueden agredirte u otras, por suerte es muy difícil que esto nos pueda pasar a nosotros, hacen imprevisible la consecución del viaje.
Este dejarse sorprender es una maravillosa ocasión para quedarse en manos del Señor y cantarle: …haz de mí lo que quieras, te doy las gracias, lo acepto todo…, sólo tú marcas el camino y en esa certeza estoy hoy aquí contigo.
EN COMUNIÓN
Feliz semana
Miguel Ángel López, voluntario en Amazonía brasileña.