Diversidad II, universidad

El día del Carmen comenzó con una celebración de agradecimiento y despedida con el matrimonio tuxawa, Bernardo y Cristina organizadores de la asamblea, y terminó con un rosario en la comunidad de São Sebastiâo, familia de Barão que junto con Edna son los anfitriones que nos recibieron al llegar a Maués, uno de los matrimonios que estuvieron representando a los suyos en el sínodo de 2019 por la Amazonia.

En su presentación Barão nos decía que al contarle al Papa Francisco a lo que se dedicaba, éste le pidió que compartiera lo que sabía con su gente. Pues bien, doy fe de que así ha venido siendo desde entonces.

En estas comunidades se dedican a la plantación de guaraná. Planta trepadora cuya característica que más nos interesa es que tiene más del doble de cafeína que el café. Históricamente fue el pueblo sateré, ¿os suena? , el que supo extraer el polvo de guaraná después del tueste de las semillas para su aprovechamiento. Hoy lo cultivan tanto el pueblo indígena como las comunidades riberiñas, que son aquellas pobladas por individuos que no pueden acreditar pertenencias ancestrales con esta tierra pero se han ido vinculando con ella a través de generaciones por asentamientos de sus antepasados llegados de otros lugares: de antiguo, afroamericanos, caboclos (blancos europeos con indígenas), algunos asiáticos, hijos de soldados del caucho, finales del s. XIX, principios del XX, después y aún hoy con otras fiebres extractivas: oro, hierro, manganeso, petroleo, madera, etc.; aunque en los últimos tiempos la mayoría de estos hayan acabado en barrios marginales de las ciudades. Ya hablaremos de estos.

Como os contaba, la pareja mixta, Edna, sateré y Barão, riveriño, pusieron en marcha el cultivo de guaraná con certificación orgánica, según la tradición, y crearon una cooperativa para su distribución, dirigida íntegramente por mujeres, zafándose así del abuso de la multinacional que imponía sus precios.
Esta mención es en agradecimiento al trato recibido y como reconocimiento por un esfuerzo, que ellos mismos reconocen, fue impulsado por el propio papa invitándoles a compartir.
Una frase, un impulso sembrados en buena tierra…   una entrega. Me emociona saber que así trabaja el Espíritu Santo… sin más.

Las comunidades riberiñas son claro ejemplo de diversidad. La piel, las facciones, los ojos, la estructura corporal, su aspecto físico en general nos dan idea de la variada presencia de individuos que fueron llegando de lejos, como botellas sin destino flotando a la deriva, siempre el mismo mensaje de esperanza en ellas… Ahí viven juntos, compartiendo en pequeñas comunidades. Visitamos São Sebastião, aprox. 32 familias, Brasileia, veintitantas y São Benedito, unas 18. También muy diferente la forma de su asentamiento: terrenos áridos color rojizo la primera subiendo un barranco, con pastos verdes y ovejas al nivel del agua la segunda y un terreno inclinado lleno de cárcavas en arcilla blanca, resvaladizo con lluvia, la tercera.
Comunidades con las que nos reunimos y escuchamos como nuestros anfitriones les trasladaban su preocupación por algunos temas, siempre el trasfondo de pedirles unión entre ellos y con sus vecinos sateré.
Nosotros siempre presentándonos desde el interés de nuestras instituciones de envío, escuchando y compartiendo. Así también en São Sebastião compartimos rosario al terminar el primer día, y fiesta el domingo ya de noche con una representación bailona que no supe interpretar.
El domingo 17 fue
una lástima que sólo pudiéramos celebrar la palabra, ya que aún yendo con Fernando, cura al que conocen bien, la falta de pan y vino pudo más e impidió la celebración de la Eucaristía.

No puedo dejar de comentar este hecho porque me ha supuesto una decepción importante.
Esperaba encontrar elementos singulares en sus celebraciones religiosas…, vale que no se perciben porque esa mixtura reciente imposibilita la existencia de esencias propias en estas comunidades. Vale que estén acostumbrados a no celebrar el sacramento de la Eucaristía porque por allí pasa su sacerdote cada 3, 5, 12 o más meses. Vale que son comunidades que tienen su párroco de referencia al cual no se puede dejar en evidencia celebrando de otra manera.
Valen tantas cosas que nosotros sí podemos disponer cada día, o cada mañana o tarde, que uno ya no sabe qué pensar, qué Evangelio se les ha enseñado, si es que la gracia del sacramento se estira según su disponibilidad…
Feliz de haber compartido con ellos la Palabra, triste porque se les priva del milagro eucarístico que sólo convierte el pan y el vino y jamás ha ocurrido convirtiendo la farinha y el sapo (O sapo, guaraná em bastão ralado na água, é a bebida cotidiana, ritual e religiosa, consumida por adultos e crianças em grandes quantidades), en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Sin entrar en cuestiones teológicas de si el misterio eucarístico comienza al partir el pan o si ocurre en la transustanciación: «este es mi cuerpo… esta es mi sangre», lo que sí es indiscutible es que existe un envío: «haced esto en memoria mía», sin esto no hay nada. «Haced para recordar todo lo que os enseñé, lo que soy, lo que viene de mi Padre»,
No hay más alegatos.

Agradecido a Dios de haber nacido en una cultura con pan y vino , bendito sea Dios
Yo venía buscando la Iglesia universal y resulta que el adjetivo no es necesario. Lo propio y universal de todos los cristianos, ¿no es lo que les une en su diverdidad, el milagro de Cristo?. ¿Este no puede trasladarse a la Amazonia porque allí no toman ni pan, ni vino?. No se lo cuenten a ellos, por favor

EN COMUNIÓN
Hasta la próxima

Miguel Ángel López, voluntario en Amazonía brasileña.