“Aterrizamos”, Patricia y Elisa en Luanda

ImagenDurante el mes de abril, dos chicas jóvenes de Sevilla están realizando una experiencia de voluntariado en Luanda, la capital de Angola. Patricia, periodista, y Elisa, enfermera, están dedicando su tiempo y su esfuerzo a los más necesitados, y nos van a ir contando su experiencia en este blog.

Os dejamos con su primera crónica:

Aterrizamos

Luanda, 14 de Abril de 2013.

Palanca Negra es un inmenso lodazal. Una ciénaga en la que malvive gente. Aquí la miseria no tiene límites; es de tal calibre que la pobreza no vive aquí: este barrio es la Pobreza.
Nos han recibido las últimas lluvias de la temporada, parece que revelándonos intencionadamente la crudeza a la que las Esclavas llevan 17 años ya entregándose en este confín de la Tierra. Una hora de agua torrencial: seis muertos, entre ellos un bebé de dos años, arrastrado por el barro.
Día de la Esclava, celebrado el miércoles 10 de abrilEl complejo de Santa Teresa, -colegio, casa y dispensario médico-, es una fortaleza en mitad del desconcierto de lodo de estas calles sin domar. “Ruas” sin nombre que no conocen el asfalto. Sucesión de baches, reguero de basuras; foco de infecciones por la ausencia de canalizaciones.
De la garita de seguridad de Andrés para afuera parece no haber normas. El atardecer es el toque de queda natural. Desde ese momento, por el bien de todos, las hermanas no salen del recinto. La primera noche sonó un disparo seco. Inconfundible. “Un tiro al aire, -explicó “irmã”  Lily a la mañana siguiente-, para ahuyentar a alguien…”.

Dentro del perímetro, Dios lanza su moneda… y sale la otra cara. Aquí dentro, y aunque no sin esfuerzo, cicatriza durante unas horas la herida del Tercer Mundo. Cada día, la hermana Carlota, directora del cole, le mete un gol al desaliento. Y el partido diario es una machada: niños que vienen de trabajar en la plaza desde el alba, en las aceras; estómagos infantiles en los que entra una sola comida al día, -¡y gracias!-; pequeños no matriculados que se cuelan… Y todo al margen del altísimo absentismo de unos profesores nativos sin vocación, en la mayor parte de los casos. Seudomaestros que sobreviven en un entorno donde cualquier medio es bueno para tener un sustento…

Ocurre que el Señor sabe lo duro que es jugar en esta liga; de modo que ha fichado para Luanda la mejor alineación. Y los “meninos”, los niños, que son casi mil, son muy conscientes. Es reverencial el respeto a las monjas. E impactante como ante la presencia de una hermana, al niño que no atiende le piden los demás que guarde silencio. Esto lo he vivido porque creen que soy una de ellas: la blanca nueva que duerme en el convento, con un crucifijo en el pecho, que les da refuerzo de Mates. Tabla de multiplicar del 2 a muchachos de 12 y 14 catorce años.

Allá arriba, en muchos lugares del hemisferio Norte, nos apoderamos de las palabras. Las adelgazamos hasta hacerlas nuestras. ¿Qué es “entrega”? ¿Qué es “compromiso”? ¿Y “sacrificio”? En la primera acepción de todas ellas bien podría aparecer la hermana Lili con su guitarra, coordinando con alegría inagotable las actividades de pastoral. O la hermana Bea, con todo el entusiasmo de su Brasil abasteciendo a la Comunidad, lidiando con su jeep por los atascos kilométricos de una capital de nación sin carreteras. O, ¿por qué no la hermana Concha? Esa consejera impagable de las embarazadas en el puesto médico; la abuela blanca de tantos bebés que tienen pediatra gracias a que las Esclavas están aquí. O la postulante Branca, la humildad personificada, que es el futuro de la Congregación en Angola, un país demasiado joven, sin ancianos, cuyo pasado segó la guerra…
“Boa continuação do dia” desde Luanda, familia…

Patricia G. Mahamud