Bemvinda a Angola 12.07.2014

¡Boom, boom! Por fin llegó el final de la esperada cuenta atrás para dar pie al latir de otro pueblo, de otra cultura, de otra forma de vida.

Desde que aterricé en Angola, África no ha parado de darme la bienvenida. En Luanda me recibieron las “Irmás” (hermanas de la Congregación) Concha, Bía, Carlota y Milflor. Me llevé una primera impresión de la capital de Angola, del barrio donde vive la comunidad, de la “escola” (escuela) y el puesto de salud. La zona es muy humilde, las calles del barrio no están asfaltadas, la basura está continuamente presente y las casas y comercios son de chapa en su mayoría. El recibimiento estupendo por parte de todos los que conocí, de los profes, las enfermeras, los niños… Y tras un poco de descanso toca de nuevo a rehacer maletas y volar rumbo Luena, donde me espera un verano “diferente”…

Lucia Angola 1

El viaje hasta el aeropuerto resulta curioso, las calles de Luanda a las 3am resultan llamativas, se siguen apreciando las calles, los tipos de casas, sus gentes; pero ahora algunos están de fiesta, bebiendo, bailando, y más de uno bastante perjudicado por el alcohol. Típica escena de Madrid un viernes por la noche, típico plan de diversión en mi realidad, sin embargo, las sensaciones son diferentes, más que diversión me invade el dolor al ver la situación; supongo que es fruto del cambio de mirada y del contexto en el que sucede: la calle.

En el aeropuerto local, tras pasar el momento de presión por el exceso de equipaje y el “plan B” de mochila dentro de otra mochila para repartir los kg, que no tuvo que ser ejecutado, llega la hora de despedirme de las Irmás y de pasar el control; ahora con un nuevo compañero de viaje, también español, que fue uno de los que participaron en la construcción del puesto de salud de las Irmás en Alto Luena, y al que tras preguntarme a qué proyecto venía, no le hizo falta más que escuchar Alto Luena para ubicarme: “¡vas con Berta!”. Este encuentro me da no sólo tranquilidad respecto a los trámites, sino otra visión sobre Angola y su situación, y me permite conocer a otra persona cuya vida, por otros motivos, también está tocada por Angola y su realidad.

Berta me espera en el aeropuerto, nos incorporamos a la misa de los Salesianos pasando por Luena ciudad y llegamos a Alto Luena. Como bien me decían, “es otro mundo, África es otra cosa”. África es mucha África, por su puesto, y no todos los países están en las mismas condiciones ni todas las personas tienen los mismos medios para vivir. Pero esta zona es, sin duda, digna de conocer y dejar que cuestione…

Angola es una ciudad que llega a la paz en el año 2002 tras 40 años de guerra, guerra de independencia de Portugal y posteriores conflictos internos entre el partido comunista que gana la guerra apoyado por Rusia y China y la guerrilla apoyada por Estados Unidos, Francia y otros países. Finalmente es el partido comunista quien gana y tras las elecciones vuelve a salir elegido; sin embargo, Luena es una zona especialmente castigada por la guerra por su posición política, y los que salen del país y son refugiados en Zambia al volver a Luena no son acogidos por sus familias ni poseen nada más que lo que llevan puesto, ni los títulos que pudieran tener de Zambia son reconocidos: toca empezar de cero. Alto Luena es una zona habitada por los refugiados que vienen de Zambia y aún hay campos de refugiados aquí. La gente vive en casas de chapa o de barro con algún tipo de ladrillo, no hay agua en las casas ni luz en los barrios, excepto para quienes tienen un generador que funciona con gas. La gasolina es más barata que en España, aunque el doble de cara que cuando llegaron las Irmás aquí; pero los demás productos son difícilmente asequibles por sus habitantes: Luanda es la capital más cara del mundo. La gente se baña y hace la colada en el río, y allí cogen el agua que necesitan. La imagen es espectacular…

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Del tipo de vida que llevan aquí las personas puedo hablar tan sólo de lo que he podido ver hasta ahora y de lo que quienes más conocen me van contando. El tipo de vida es diferente al español, no sólo por la situación económica de las personas, sino por el tipo de mentalidad. En el oeste de Angola los portugueses estuvieron presentes durante cinco siglos, lo que ha generado un tipo de mentalidad determinado y muy diferente al de quienes viven en la zona este, como es el caso de Luena, cuyas mentalidades son más ancestrales, con mayor creencia en la magia y en los curanderos que en la medicina, muchos tipos de iglesias que en algunos casos son sectas, aunque en otros ofrecen oportunidades de desarrollo y crecimiento personal y espiritual a las personas. Los salarios son bajos y las personas se orientan en esta zona por el sol más que por los relojes, lo que relativiza el horario y el ritmo de vida, se podría decir que casi lo contrario al ritmo en Madrid. El entretenimiento hay que buscarlo o crearlo, en esta zona las personas no tienen oportunidades de ver la televisión, ir a un centro comercial o leer un libro en su casa. Hay mucho trabajo en la escuela al respecto, no sólo con los niños o jóvenes, sino con sus padres para que puedan leer y escribir.

Las Irmás viven en un terreno que era de los Salesianos, quienes tienen muchos proyectos y oportunidades de formación de las personas por esta zona. Ellas construyeron la escuela, el puesto de salud y la casa en la que viven. Hay dos turnos de clases durante la semana y un tercero del que se encargan alumnos que apoyan en la alfabetización a padres; además de las catequesis y movimiento pastoral, el puesto de salud y cada peculiaridad del día a día.

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Una de las imágenes más bonitas es ir por el barrio y al pasar escuchar y ver a los niños gritando: “¡¡irmá, irmá!!”, con esa sonrisa y esa vitalidad. Alto Luena está lleno de niños, muchos niños pequeños, pero también menos pequeños, jóvenes, adultos y ancianos. El día estrella es el domingo, las personas que van a misa se ponen sus mejores galas y van a compartir ese rato que puede durar desde dos horas y media a cuatro horas, entre cantos, lectura de la Palabra, Homilía y avisos varios, entre los que está la presentación de las nuevas visitas. ¡Una experiencia muy bonita y característica!

Aún no puedo escribir mucho sobre mi vivencia personal, sobre cómo Angola ha impactado en mí o sobre cómo la realidad de esta tierra y de estas gentes me sobrecoge. Las primeras impresiones son inconscientemente comparaciones con Venezuela o Paraguay, donde tuve la suerte de compartir el verano como voluntaria, incluso con la Cañada en Madrid; sitios que ya he conocido y que ya han dejado una determinada huella en mí. Pero Angola es diferente, esperaré a que siga calando para poder compartir más desde ahí… Por ahora me limito a observar, escuchar, conocer a las personas y sentirme “enviada” en las oraciones; lo demás irá viniendo solo… Mañana conoceré la escuela por dentro y a sus protagonistas y organizaremos mi labor durante estos casi dos meses.

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“Obrigada, molto obrigada” por estar en esta tierra, descubriendo otra manera de vivir, de ser y también de responder a eso que llamamos “vocación”. Estoy preparada para dejar que Angola cale en mí, que sus gentes me cuestionen y que las Irmás sean modelo de entrega que mueva mi vida, aquí y allí; espero que lo que vaya compartiendo este tiempo pueda tocar de alguna manera, aunque sea chiquitita, vuestras vidas o vuestras ideas… A veces una imagen vale más que mil palabras, otras veces hacen falta dos mil palabras, y otras, simplemente, requieren acercarse a ver, tocar y oler la realidad.

“Bemvindos a Angola”.

Lucía Alcalá, voluntaria