Creando Comunidad…

Paraguay (3)Venía una semana intensa, Coratei, niños, miles de ideas en la cabeza y muchas ganas de hacer las cosas bien y con un sentido. Nos pusimos manos a la obra, alrededor de la mesa pensando en qué les podíamos ofrecer, qué les queríamos transmitir y los temas fueron saliendo solos: conocerse, cooperar, alegría, amistad, paz… Íbamos a ciegas, no sabíamos los niños que iban a venir, de que edades eran o cómo nos iban a recibir, pero la sorpresa fue enorme al encontrarnos con un grupo lleno de vitalidad, de ilusión y con mucho para dar, tanto que ellos nos marcaban el ritmo, nos pedían más y hacían que cada día fuese todo más rico para todos. Esta sorpresa se iba agrandando a medida que pasaba la semana y venían más niños, incluso cada día llegaban antes de la hora ynos esperaban en la puerta de la capilla deseando empezar con las actividades.

Han sido unos días marcados por la sonrisa de estos niños de Coratei, hemos cantado, bailado, jugado, reído, y todo ello lo hemos hecho juntos, porque de eso ha ido nuestra misión: de un encuentro con ellos que ha todas nos ha dejado huella y estamos deseando repetir.

La comunidad se va definiendo poco a poco, cada día que pasa ganamos en confianza y complicidad. Todos los días tenemos un ratito de oración en la capilla de la casa dónde compartimos el día y lo que nos mueve la Palabra. Son momentos bonitos, sinceros, que nos llenan, nos sirven para situarnos a nivel personal y en comunidad y en los que expresamos todo lo que la experiencia nos va tocando por dentro. Poner al Señor en el centro de esta misión y hacerle presente en los distintos encuentros de los que vamos disfrutando se ha convertido en el pilar de esta comunidad que hace que todo gire y cobre sentido.

Si la primera semana fue de asentamiento, podríamos decir que en esta ya podemos calificarnos de adaptadas. Cada día tenemos algo nuevo, visitas, invitaciones, ¡siempre hay algo que hacer! Nos organizamos con un cuadro de oficios y otro para el menú de la semana “a lo campamento”. Estamos muy cómodas en la convivencia, nos hemos adaptado las unas a las otras, todas colaboramos en las tareas diarias y tenemos una relación muy sana, donde reina el buen ambiente, la alegría y las risas, ¡qué no falten! El momento culmen del día es la sobremesa, dónde comentamos el día, alguna anécdota, intercambiamos impresiones…en este tipo de momentos es dónde se va creando comunidad. En los tiempos muertos que nos deja el día echamos partidas de mus, jugamos al tótem, vemos pelis o tocamos la guitarra.

Un día muy especial para la comunidad ha sido el día de Santa Ana que coincidió con las visitas de Susana y Lola, dos hermanas de la comunidad de Asunción de las que nos hemos encariñado rápidamente y que fue un regalo tenerlas ese día tan especial para la Congregación. Lola es pura vitalidad de ochenta años, es un terremoto que nos pone las pilas a todas y que siempre tiene mil y una batallas que contarnos, su vida es puro testimonio de dedicación y entrega, y Susana, una hermana paraguaya que ha sido nuestra “salvadora” en muchos momentos, siempre arreglando los imprevistos que aparecían y buscando soluciones a nuestras crisis cotidianas del hogar (luz que se va, agua caliente que no funciona, coche que se queda sin batería…) y de la que tuvimos el placer de conocer a su familia y descubrir que toda esa bondad y dulzura que encierra viene de fábrica.

Fue un día muy bonito e intenso, hicimos las pertinentes bromas a las hermanas, llenamos las habitaciones de la casa de felicitaciones y globos, fuimos de visita a un refugio de animales, pero el momento más especial llegó con la oración que nos habían preparado Imelda y Mariví.

f2844c885957bba27f7290ce2d50493fNos reunimos como siempre en la capilla de la casa y nos encontramos con un lugar que respiraba otro aire diferente al de todos los días, con un cartel Spínola en el altar y encima de él, varias velitas sobre las que había una tarjetita pegada y en las que se podían leer los distintos países a los que la Congregación ha llegado. Cada una cogió un país y lo fue encendiendo, en un instante se había creado un climax de reunión, de comunión, de familia. Recordamos lo que en su día hicieron Marcelo y Celia, y pedimos por toda la Familia Spínola, por la Congregación y las Esclavas y por los Laicos Spínola. El momento de compartir la oración fue muy intenso, recordando experiencias y personas que nos habían marcado desde que llegamos de chicas al cole y desde el sentirnos agradecidas cantamos juntas “Spínola sabe a vida”.

Si de algo nos hemos percatado desde que estamos en Paraguay es de que la Familia Spínola es enorme, a todas nos ha producido mucha alegría el encontrarnos con otros Laicos Spínola que comparten el mismo carisma, que tienen la misma historia y que sueñan con lo mismo. Hemos congeniado muy bien con un grupo de jóvenes de Ayolas con los que hemos estado compartiendo las misiones de Coratei y con los que estamos preparando una presentación de los grupos Spínola en el encuentro pastoral del Días de la Amistad al que nos han invitado. El otro día ensayando los cantos en el comedor de casa creamos de la nada un tablao flamenco, una a la guitarra, otra a las palmas y el resto cantando enseñamos a los paraguayos un poco de rumba y sevillanas, fue un momento divertidísimo dónde reímos y disfrutamos como enanas.

Es imposible tener queja de cómo nos están tratando aquí, todo es acogida y siempre tienen una sonrisa que ofrecerte. Afrontando la tercera semana con una nueva misión, nos despedimos desde el corazón de América…

¡Hasta la próxima!