El millonario del tiempo

Angola (2)Angola, una tierra para mi por descubrir, sería el destino de una de las inquietudes más buscada desde la infancia: ayudar a los que lo necesitan sin esperar ninguna recompensa, más que la gran satisfacción de regalar lo que tengo en abundancia, tiempo y voluntad.

El camino hacia aquí ha sido difícil, cargado de momentos de superación de miedos familiares, personales y laborales. He tenido una preparación interior a través del proceso de formación que nos brinda Spínola solidaria. Me ayudó de forma especial algunas conversaciones con María Isabel Macarro, la oración ha sido otra herramienta clave para alcanzar la meta, así como en especial mi familia, amigos y muchos compañeros/as del colegio de Huelva.

Las principales motivaciones que me han empujado a vivir esta realidad han sido el deseo de colaborar, como estandarte principal, apoyado en la necesidad de búsqueda interior, y para ello, he decidido donar parte de mi fortuna, el tiempo. En el primer mundo es algo tanto o más valioso que el oro, situación contrastada con la que estoy viviendo en Luanda, siendo lo que más vale, el dinero.

Al decir África, muchos asociamos en nuestra mente dos conceptos, uno de pobreza, esa que aparece en nuestro contexto a través de campañas, fotos, escenas, … y otro la imagen de las películas de safari, paraíso de ensueño, elefantes, leones o gacelas. Ninguna de estas imágenes la estoy viviendo en Angola: la gente sonríe; tienen una necesidad grande de creer en un ser todopoderoso, existen multitud de cristianos así como de otras religiones y sectas; y las personas mienten mucho, es su arma para sobrevivir a una realidad que, hace algo más de una década, era una guerra civil y cuya esperanza de vida no supera los 45 años.

La fe, este concepto aquí se hace realidad más palpable si puede, partiendo de la idea de que fe es creer sin ver. En esta comunidad se está haciendo mucho, se ha hecho mucho y queda tanto o más para completar la obra de Dios con este pueblo. Más que nunca recuerdo un concepto muy importante, Iglesia: Pueblo de Dios. Estoy encontrando otra realidad cristiana, que personalmente me hace pensar en la realidad de mi vida. A mis ojos este pueblo no necesita sólo educación, comida, medicinas y dinero, es un pueblo sediento de paz, respeto, verdad y amor al prójimo.

A nivel personal llegué con algunos miedos, mi familia, mi principal miedo. En este tiempo que estaba fuera, a más 6500 km, no podía ayudar en caso de que pasara algo. Pues bien, cuando no llevaba ni diez días en Angola, mi padre es ingresado, aunque ya está recuperado y bien. Otro miedo era contraer alguna enfermedad de estos lugares, pues, al día siguiente de salir mi padre del hospital, me detectan malaria. Así que esto para mi esta siendo una prueba, eso sí, he tratado de no perder la sonrisa, el buen humor y el carácter reflexivo.

Ahora que estoy en el ecuador de mi experiencia, sé que esto me llena, me sosiega, me siento pleno. Os invito a que, si sois millonarios de tiempo, donéis, ya sea en África, España, en tu parroquia, en tu casa o en tu trabajo. Al valor de compartir y darse a los demás, el Señor da el ciento por uno. ¿Qué puedes hacer hoy?.