“Hay voces que necesitan ser o\u00eddas…”

Hace ya más de un mes que llegamos a Asunción, y desde entonces he tenido encuentros con una nueva realidad, una nueva comunidad y conmigo mismo; he ido rompiendo la mayoría de mis esquemas, de mi organización, de mi forma de entender las cosas, aunque hay barreras difíciles de quitar, que nuestra mentalidad, o la mía, hace duras como el cemento,  pero poco a poco van cayendo cual murallas, acercándome aún más.

Desde el primer día, nos fuimos acercando a las distintas personas que habitan en el Bajo, sus distintas historias, su manera de vivir y entender la vida, de cómo acá el tiempo pasa más lento, y es esencial vivir el presente, no es necesario andar con prisas, sino muchas veces es necesario simplemente pararse y estar.

Poco a poco fuimos conociendo a sus niños, esos que dejaron de ser simples desconocidos para pasar a tener un nombre propio y una vida, la cual con el tiempo íbamos descubriendo, y no pudimos más que tener un nudo en el estómago con muchas de ellas, que a veces hasta asfixiaba, sabiendo que poco podías hacer. Es en esos momentos cuando te planteas el para qué,  ¿cuál es mi función acá? descubres como tus prioridades van cambiando, y ya no son tan importantes las matemáticas o la comunicación, sino que lo que verdaderamente es necesario es el amor, el cariño, estar con ellos y escucharlos, y entonces te paras, y observas en medio de esa realidad a esos chicos que siempre tienen una sonrisa pintada en la cara, que vienen corriendo para abrazarte, que te buscan para jugar con ellos, que solo quieren estar contigo un rato más.

Aunque siempre se te queda la misma pregunta, ¿qué pasará cuando nos vayamos? No habremos cambiado nada.  ¿Sería necesario un cambio de objetivos? La necesidad de involucrar a las personas de la zona con esta causa, el acercamiento de los más jóvenes, que son inexistentes, ya que parece que hay ciertas franjas de edades que no existen, que pasan rápidamente de etapa.

Sin duda hay muchas voces que necesitan ser oídas, mucho amor que necesita ser recibido, y muchos abrazos que son esperados y, como dijo el Papa Francisco “Una fe que no se hace solidaridad es una fe muerta, o una fe mentirosa.”

Probablemente si alguien me pidiera que describiera el paraíso, sería algo así como una tarde jugando con los niños en la cancha de San Francisco, o simplemente estando, compartiendo y aprendiendo.