La Amazonía se quema aquí

En el marco que establece el objetivo del curso de la Fundación Spínola, desde Spínola Solidaria nos sentíamos invitadas a continuar con “Repiensa, Reacciona, Redescubre” como forma concreta de seguir avanzando y consolidando procesos de acción transformadora en nuestras vidas, a fin de que la VIDA siga siendo lo central de nuestra reflexión, una vida  que merezca la pena ser vivida, en condiciones dignas para todas las personas que habitan la Casa Común.

Nuestro deseo es seguir siendo la conexión del centro educativo con las realidades de sufrimiento y empobrecimiento de nuestro mundo, de modo que seamos capaces de reconocerlo que necesitamos un cambio.

Preguntémonos con honestidad, como lo hacía el Papa Francisco en el año 2015 en el Encuentro con los movimientos populares en Bolivia, si realmente “¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?

 ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?

Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.

Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.

Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.”

Con este deseo de cambio, Spínola Solidaria ha querido fijarse en esos modelos que sí están funcionando y que sin embargo están siendo esquilmados. Y este año hemos querido poner la Amazonía y las personas que la habitan, en el centro de nuestra mirada.

“En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (LS 147).

Hoy en día tenemos la oportunidad, la segunda, de diferenciarnos netamente de las nuevas potencias colonizadoras y escuchar a los pueblos amazónicos y su rol profético. “La crisis socio ambiental abre nuevas oportunidades para presentar a Cristo en toda su potencialidad liberadora y humanizadora.” (Amazonia: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Instrumentum Laboris).

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