Me pregunto…

Me pregunto constantemente cómo será la vuelta a casa porque no entiendo vivir esta experiencia sin cambiar algo de mi modo de vivir. Vengo para ver otras realidades y sin saber bien cómo, todas me duelen. Me parece injusto sentir tanto mal, tanta desgracia que se estira en un tiempo que nunca acaba. Siento la injusticia por cada uno de los poros de Alto Luena y comprendo que esto va más allá de lo que a mí me gustaría. Comprendo una realidad dolorosa transformada en rutina, trasformada en un día a día. ¿Dónde estoy yo en todo esto? Me llena ver el amor constante por el bien, me llena el amor por el amor, por la vida y si me apuras también por la muerte. Me llena las conversaciones profundas e interesantes que me hacen plantearme distintas cuestiones reiteradas veces. Me alimenta sentir que lo que hago hace bien y que intento promover aquello que siento como correcto cuando nadie sale perdiendo ni dañado. Me llena repartir todo el amor que tengo, todas las caricias, todas las buenas palabras y todos los besos que tengo. Me llena aquí sentir que, entre tanta complejidad y dureza, las cosas son más sencillas y claras de lo que normalmente yo lo hago. Claro y conciso. Sin vacilar, creyendo firmemente en lo que sale de sus bocas en forma de palabras y en sus acciones en forma de gestos. Admiro de la misma manera que me asusta la sabiduría de la vida de todos estos jóvenes, de todas estas personas que se están cruzando por mi vida para dejar una huella. A veces más marcada, otras solo de refilón. En todas estas vidas me paro y pienso. Me paro y toco. Me paro y me duele.

Pienso también en la huella que yo dejaré. Una huella de paso, una huella que a lo largo del tiempo desaparecerá. No importa. Las huellas importantes son de otras personas que dedican su tiempo a que está realidad avance. A que esta realidad deje de ser tan injusta, deje de ser tan cruel para simplemente ser. Y quizás con eso basta. Con ser. Con estar presente estando en el presente. Con dejarse llevar y dejarse tocar. Dejarse doler. Dejarse sentir. Nos hace humanos el dolor y al igual que las alegrías compartidas son más, la tristeza y el dolor cuando se comparte algo alivia. ¿Aliviaremos con nuestro paso? Solo estamos. Solo somos. Y a veces incluso eso es agotador.

¿Será que sentir el amor me hace ser? ¿Será que sentir amor es lo que me ha hecho moverme y estar presente aquí, ahora, hoy? Mi cuerpo tiene tantos estímulos que me destrozan pero que a la vez me reconforta, porque todo el amor y el bien que veo en esta realidad me suele descolocar. ¿Cómo latirán esos corazones para funcionar así en esta realidad tan desgarradora? No tengo respuestas a estas preguntas, pero puede que no deba de tenerlas. Puede que solo tenga que observar y avanzar en este camino para dentro de un tiempo poder encontrar la repuesta cuando ya olvide la pregunta.

Cristina, voluntaria en Luena – 2024