No es difícil enamorarse de Ayolas

Llegamos al ecuador de una experiencia que sin duda está marcando nuestra vida y que condicionará nuestra historia.

Paraguay es un país de contrastes, al menos eso parecía cuando aterrizábamos en Asunción. Coches de lujo que competían en velocidad con algunos motores roncos. Al igual que pasaba con la localización de las viviendas, como pasa en el bañado. Unos metros separan la vida de la supervivencia. Sin profundizar demasiado, se atisba el rechazo y la diferenciación de clases cuando los de la mitad de la calle hablaban de los del bajo como un grupo inferior, separados tan sólo por dos o tres casas…

De camino a nuestro destino podíamos observar también diferencias, pero no económicas. Un colectivo (autobús) que tarda en recorrer 400 km en unas seis o siete horas, con suerte. Quizás, alguna mente europea piensa que eso se debe a la velocidad, que influye, pero sobre todo está condicionado por todas las veces que se para, porque el paraguayo no se suele negar a lo que le pides, y en su recorrido el colectivo para siempre, cuando alguien quiere subir y bajar, aunque sea a una distancia de 10 metros.

La diferencia con Ayolas es abismal, una ciudad tranquila, alejada del ajetreo y la inseguridad de Asunción. Ayolas es una ciudad rica; en colores, en vistas y en animales que viven libremente. ¿Quién nos diría que las vacas pasarían a ser los nuevos perros o que Pipi y Pipa (El gallo y la gallina de las hermanas) fueran nuestro atractivo, que por cierto está incubando y rezamos por ver los pollos salir del huevo.

Aquí el tiempo parece que se para, el ritmo paraguayo es mucho más lento, aquí no hay prisas, y el tiempo se invierte en el encuentro con los otros.

La familia Spínola cobra mas fuerza aún cuando se viene aquí, tuvimos la suerte de compartir los primeros días con un grupo de Argentinos que nos enseñaban la gratuidad de invertir diez días en venir a otro país después de muchos problemas para llegar hasta aquí, viniendo de un país cuya situación también tiene inestable su seguridad y corazón, ¡cuánto tenemos que aprender de gratuidad! Además de la familia argentina hemos tenido y tenemos la suerte de compartir la vida con los jóvenes paraguayos. Nadie puede hacerse una idea de la vida que tiene aquí la familia Spínola, son numerosos los jóvenes tanto chicos como chicas que se unen, disfrutan, bailan, rezan y movilizan cualquier cosa para ayudar a las hermanas y tratar de hacer llegar a los demás que el amor es el arma mas poderosa del mundo.

En España no nos hacemos una idea de la riqueza que existe en este lugar, y nos quejamos por todo cuando aquí tienen una disposición de la que deberíamos todos aprender, y bastante.

Son muchas las experiencias que se quedan en el tintero, es imposible plasmar cada rostro, cada mirada, cada encuentro; lo que si se es que no es difícil enamorarse de Ayolas.

Isa Castillo