Primera semana en Portoviejo (Continuación)

Foto 1011-7-2016

Amanecimos pronto, sobre las 5:30, ya que a las 6:45, las Hermanas abren el colegio para empezar las clases a las 7:15.

La Hermana Caty nos comentó que las clases se habían suspendido en toda la provincia de Manabí por los temblores del día anterior, pero como no hay mal que por bien no venga, lo cierto es que aprovechamos el día a tope:

Foto 7Subimos primero a las Cumbres, a conocer el colegio por dentro, sus aulas, su capilla, y también sus objetivos y sus necesidades… un gran proyecto de las esclavas del Divino Corazón junto con Fe y Alegría, que debe potenciarse con más recursos; existen necesidades impensables en cualquier otro colegio de España.

Tras conocerlo en una primera impresión, fuimos al botadero (el vertedero del municipio) y en el camino recogimos a varias personas que trabajaban recogiendo materiales para posteriormente revenderlos. Algunos de ellos son padres y madres de alumnos del colegio. Afortunadamente algunas condiciones han mejorado. A los niños ya no se les está permitido el paso (nuestros hijos se tuvieron que quedar fuera) y hay que trabajar con todo el cuerpo cubierto (no nos dejaron bajar del coche a los adultos por ir con las piernas descubiertas).

Aprovechamos más la mañana, y las Hermanas nos llevaron primero al parque forestal donde decenas de iguanas campaban a sus anchas (hasta que tres niños curiosos las perseguían para jugar con ellas). 😉

Foto 6Por último, nos llevaron a la playa de la Crucita, donde el Pacífico hizo honor a su nombre: el agua estaba tranquila, templada, y el sol iluminaba las olas asemejándose a una imagen celestial.

Pelícanos, albatros y garzas volaban libremente a lo largo de la costa buscando algún pez despistado con que alimentarse. Se respiraba eso, PAZ.

Añadimos a esta improvisada excursión unos buenísimos jugos granizados de frutas de exóticos sabores: piña, sandía fresa, coco… todos riquísimos.

De vuelta a la casa, nos prepararon una comida formidable: lentejas con arroz, plátano frito, pescado… y de postre el remate: frutas de la zona granadilla, pitahaya,…

14-7-2016

Llevamos tres días de colegio en Las Cumbres. A María y a mí nos han asignado un grupito de 7 niños de 6º grado (11 años) que necesitan refuerzo escolar (no saben leer y/o escribir), pero también refuerzo afectivo. Aunque son maravillosos, les cuesta prestar atención. En sus miradas se deja ver lo difícil que a veces es su vida:

Hay familias rotas, padres que abandonan a sus hijos a su suerte, alcoholismo, droga, maltrato, delincuencia… los niños viven en un entorno familiar muy complicado.

Todas las mañanas, nos trasladamos al colegio en una ranchera que tienen las Hermanas. Los niños y yo vamos siempre atrás, en la “bañera”. Les gusta recibir el viento en la cara. Aquí todo es un poco diferente…

Tras las clases de apoyo, María está reforzando matemáticas a un grupo de alumnos mayores, de 7º a 10º (desde 6ºEPO hasta3º ESO en España), y yo estoy ayudando a Franklin, un profesor de computación que no ha tenido más remedio que asumir las clases de Cultura Física por falta de personal educativo.

Al terminar la jornada escolar, que trascurre desde las 7.15 de la mañana hasta las 12.30 del mediodía, algunos niños de la escuela y otros del barrio, acuden a un Proyecto de Fe y Alegría y de las Esclavas en los que se da comida a niños cuyas familias no pueden alimentarles, y tras ello, se les ofrece un aula para que puedan terminar sus deberes, o realizar juegos de cooperación y actividades formativas y deportivas.

Ahí también estamos María con los más pequeñitos, y yo con los mayores, echando una mano en lo que podemos.

Carlos y Javier me ayudan para que los más inquietos no se dispersen en la tarea.

Foto 9La última media hora, subimos a las cancha de la escuela donde los chicos practican futbol y las chicas más pequeñas se distraen aprendiendo a jugar al baloncesto.

Al terminar la jornada, sobre las 15.30, bajamos con las Hermanas a la casa, donde descansamos, oramos, y desconectamos hasta la hora de la cena, sobre las 8 de la tarde.

La Hermana Maria José está haciendo también una gran labor con los más pobres del centro de Portoviejo. Reparte comida a mendigos y “sin techo” que llevan quizá días sin comer. Un hostelero, conocido de la Hermana, colabora para que cada martes, jueves y sábado, 40 personas tengan algo que llevarse a la boca. Es muy duro ver cómo la están esperando esos días como un ángel que llega en su auxilio. Y ella se desvive para que a todos les llegue su ración. Y para que cada día haya más para repartir. Voy a intentar acompañarla todos los días que sea posible.

Esta mañana tuvimos un pequeño accidente: justo antes de empezar las clases, y mientras Carlos y Javi jugaban al balón con algunos niños, una patada involuntaria fue a parar al ojo de Carlos, con la consiguiente hinchazón y susto. María y la Hermana Caty le llevaron al Centro Médico Cristo Rey, donde le observó un médico y vio que no tenía nada grave. Tres días con el ojo a la virulé y como nuevo.

15-7-2016

Hoy es viernes, y por tanto, último día lectivo de la semana. A Carlos, Javier y Lucía se les ve cada día más integrados, haciendo nuevos amigos, participando cada vez más en las actividades de la escuela… Aunque a veces les pesa ser el centro de atención.

Hoy el Proyecto de después de la comida ha sido bastante movidito; se notaban los nervios por llegar el fin de semana: alguna pelea, algunos niños que atendían poco, pero todo ha terminado satisfactoriamente.

Por la tarde, y tras regresar a la casa de las Hermanas, la Hna. Caty nos ha acompañado a un centro de Fe y Alegría donde bordan las camisetas y polos de la escuela, ya que a María, a los niños y a mí nos parecía bueno que los tres se integrarían mucho mejor si cabe con el uniforme de la escuela de Las Cumbres. Este edificio también ha sido afectado por el terremoto.

16-7-2016

Hoy no hemos tenido que madrugar, y hemos aprovechado la mañana para labores domésticas.

Esta tarde acudiremos a la catequesis. Ya os contaremos en la crónica de la semana que viene.

De esta semana nos quedamos con la gran acogida de las Hermanas tanto en la Comunidad de Quito, Portoviejo y Manta; también, con la facilidad que han tenido los niños para adaptarse a una ciudad nueva, a relacionarse con niños de su edad, y aceptar con ilusión el acudir cada mañana a la escuela en verano.

Carlos empieza a preguntarse cómo puede colaborar para, no sólo recibir “enseñanzas”, sino también darlas.

Yo estoy disfrutando mucho en esta primera semana ya que aunque no soy profesor de carrera, me veo cada día más motivado y entregado a la tarea de educar.

Gracias a toda la gente de España, (Congregación, Fundación, Familia y amigos), por tenernos presentes en sus oraciones y pensamientos. Gracias por estar activamente en la “retaguardia”.

Y Gracias a Dios por estar viviendo esta experiencia Spínola en familia.