QUE NUNCA PERDAMOS EL SUR

Y sin darte cuenta aterrizas en España. Otra vez las prisas, el ritmo de vida, la individualización, el eurocentrismo y los problemas de la Liga. Han sido casi dos meses, tampoco es tanto tiempo, y no sabes si lo que has hecho ha servido de algo o sólo te ha servido a ti. ¡Qué cantidad de emociones y sentimientos te traes de vuelta!

Los primeros días te enfadan muchas cosas, no entiendes que se mire tanto el reloj, que se hagan planes para vivirlos a medias o que se hable más a una pantalla que a los ojos. Entonces, empecé a pensar que no quería dejar de volver, quería “estar volviendo siempre”. Estoy segura de que ese deseo nació allí, en el Bañado Norte de Asunción.

 

Y es que cuando haces una realidad tuya, la sientes y te duele. Cuando las cifras de pobreza infantil tienen nombre propio, has pisado el terreno que ahora está inundado y conoces quien vivía en las casas afectadas, ya no es igual, es imposible que sea igual.

Paraguay me rompió muchos esquemas. De repente ves bonito un horizonte de basura, no quieres perderte los atardeceres en escombros o las casas de chapa empiezan a parecerte hogares. Pero también te enfadan las sinrazones de tantos invisibles, sigue doliéndome que Andrés no pueda jugar por trabajar, que Doña María no sepa cuándo se tendrá que mudar, que Andrea no pueda estudiar o que llueva dentro de la casa de Octavio.

Allí me dejé hacer por una realidad tan auténtica, una forma de compartir la vida tan humana. Allí donde había poco, había para todos.

La verdad es que Asunción no va a ser primer destino de viajes, la comunidad de hermanas no va a recibir premios y las personas del Bañado no van a ocupar portadas. Pero, ojalá entre todos hagamos que no haya Primer ni Tercer Mundo, pobres ni ricos; ojalá apostemos por la educación, por las niñas y por los niños; ojalá derribemos las fronteras y miremos al otro lado de las vallas.

Vivimos en un Norte, ¡tan Norte!, que me da miedo pensar que podemos perder el Sur.

Marta Molina de la Fuente