Querido lector, cuando hablaba con mis compañeras acerca de qué transmitirte de lo vivido en esta semana se me hacía complicado, muchas veces me cuesta menos expresar lo que me duele y me preocupa que lo que me hace disfrutar y me da estabilidad. ¿No te pasa?

He de decirte que al ir preguntando a mis compañeras, todas coincidíamos en que la sensación general respecto a esta semana es que “hemos estado muy a gusto y cada vez lo estamos más”.
Por intentar explicarme me voy a valer de una comparación. Esta semana me recuerda bastante a una conversación que mantuve hace un tiempo, ya aquí en Ecuador, con nuestra acompañante Merce; en la cuál, le cuento que tras haber pasado unos días con un niño que apenas sabía los números, probé a enseñarle a sumar utilizando unas lentejas. Al principio, mantenía esa actitud de vagueza del que cree que no vale para ello o no tiene demasiado interés en intentarlo; pero de repente cuando le sale la primera suma después de muchos intentos a “él solito” se produjo ese click que roza lo mágico. Lo felicito y le dibujo una carita feliz simbolizando mi aprobación, se le cambia la cara por haber sido capaz, se viene arriba, me pide hacer otra, yo encantada le escribo en su cuaderno otra suma, ya con más interés, contamos juntos las lentejitas para completar la tarea. Tras el fin de semana volvemos a vernos y lo primero que hace es enseñarme una página de su cuaderno llena de sumas, incluso de dos cifras.
Al contarle lo ocurrido a Merce, es ella quien le pone nombre y me habla de un click en el que de repente el niño es capaz de hacer algo que antes no podía y no sabes explicarte muy bien cómo ha ocurrido. Quizás la situación te suena porque has podido vivir momentos similares en España. Al final, cualquier persona, niño o adulto, busca saber que vale para algo, que es capaz y que eso le hace especial.
Tras un mes en la escuelita, la mayoría de los niños con los que tratamos, en un aspecto u otro, han hecho “click” y se han dado cuenta de que son valiosos y especiales para nosotras. En las clases, en el juego o en una simple conversación al hacer pulseritas de hilo… me doy cuenta de que es el amor concreto, ese que trata con nombres propios, el que es capaz de transformar a la persona.
He de confesarte que este click no se ha dado solo en los niños, también nosotras nos estamos sintiendo tremendamente queridas por la gente que nos rodea en nuestro día a día y esto nos mantiene súper motivadas en nuestra labor. Muchas veces incluso bromeamos diciendo que los niños del Xics parecen nuestros primos pequeños o que un día no es un buen día sin un abrazo de Angelo o Snider. En definitiva, siento que, poco a poco, empezamos a ver los primeros frutos de todo el trabajo que estamos realizando, comenzando a disfrutarlos ¡y mucho!
Al pensarlo en frío, creo que la clave para este cambio viene de un poco más atrás, la tenía delante desde el principio… y no me di ni cuenta. Recuerdo que nada más llegar a Portoviejo, hna Marbelys nos preguntaba si ya estábamos aquí de cuerpo, mente y corazón, o si aún solo lo estábamos de cuerpo. Es ahí, en el ESTAR, donde se halla la llave para activar este click que cambia a la persona y la hace brillar.
Querido lector, si algo he podido aprender es que aquí hay que venir con la mente abierta para acoger cualquier cosa que te puedas encontrar. No te engaño, esto se hace a base de golpes de realidad. Por mi parte, en mitad del desborde que supone nuestra rutina, siento que voy dejando un poco atrás esa eficacia tan eurocentrista para disfrutar del ahora y de “bien-gastar” mi tiempo en cuidar el tú a tú con el otro. ¿Para qué tanto correr si lo importante lo tienes justo delante de ti?
Además, para este viaje también necesitas un corazón que esté listo para querer desde el servicio; pues es este cuidar y dejarse cuidar lo que siento que me va ablandando, me va humanizando y me permite sentirme tan querida a la vez que querer al otro de una manera honesta. Soy consciente de que ahora puede que todo esto te suene un tanto idílico, pero una cosa te digo, ¡ya me agradecerás estas pistas si algún día tienes mi suerte y acabas un tiempo por aquí!
Volviendo a lo concreto, sin dar más rodeos, si me preguntas cual ha sido el verbo que mejor resume esta semana, sin dudarlo te contestaría CELEBRAR. Aquí las celebraciones son muy importantes y cualquier excusa es buena para organizar una; además, se cuida hasta el más mínimo detalle haciendo sentir al protagonista tremendamente valorado y querido en su día. Me enseña de nuevo a cuidar ese cariño de tú a tú del que te hablaba, en el que una vez más se me hace muy presente el Señor.
Las celebraciones se viven con los cinco sentidos: apreciando los coloridos decorados que se hacen cuidando hasta el más mínimo detalle pensado expresamente para el protagonista; disfrutando conversaciones, canciones e innumerables risas; sintiendo el baile y los abrazos de los demás y como no, deleitando el gusto y el olfato (mis favoritos, lo confieso) con tortas (tartas), bolones de maduro (bollos de plátano)…
Por último, quería contarte que hemos tenido la suerte de disfrutar con un fin de semana algo más largo, pues el viernes fue festivo, y lo hemos aprovechado muchísimo. El viernes comenzamos nuestro proyecto de pintar el muro de la escuela con los niños de básica superior, fue increíble pues se animaron más niños de los que esperábamos y el resultado no está siendo nada malo, júzgalo tú mismo.
El resto del fin de semana fue pasando por más celebraciones, esta vez con los catequistas de san Pablo, disfrutando de tardes de juegos de mesa y ratitos de seguir haciendo comunidad y piña con las hermanas de Portoviejo y entre nosotras.
Y ya terminando, y como guinda para este pedazo de fin de semana, el sábado pasamos el día en Puerto López con un planazo que consistió nada más y nada menos que ¡¡¡En ver ballenas salvajes!!! Tuvimos la suerte de ver muchísimas y asombrarnos ante sus saltos y piruetas para coger aire. No imaginas lo grandes, elegantes y fuertes que son, ¡saltaban por los aires entre las olas! Aunque para fuertes las voces que dábamos nosotras para avisarnos unas a otras cada vez que esto ocurría.
Que todo vaya encajando y de repente haga click. La alegría del cuidado y del tú a tú. Disfrutando, compartiendo y celebrando la vida. En definitiva, una semana con mucho para agradecer y que nos ha dado fuerzas para seguir con este camino tan bonito que nos va regalando Ecuador.

Con cariño, una voluntaria en Ecuador’22